Beneficios emocionales del cuidado del medio ambiente

Nuestro planeta constituye un conjunto medioambiental equilibrado, en el que todos los elementos interactúan entre sí, incluido el ser humano...


El ser humano, aunque a menudo se nos olvide, forma parte del medio ambiente. Estar en contacto y en sintonía con el medio ambiente genera una serie de beneficios, tanto físicos como emocionales. Es por eso que al cuidar el entorno natural también lo estamos haciendo a nosotros mismos. Poner atención al paisaje hace que tengamos un mayor contacto con la naturaleza, y la falta de este facilita que desarrollemos carencias a nivel emocional.

La niñez se desarrolla mejor al contacto con la naturaleza


A través de diferentes estudios pedagógicos se ha demostrado que la niñez que se cría en zonas rurales, son más conscientes del cuidado de lo que les rodea, presentan una mayor concentración y autodisciplina, son más imaginativos, tienen más facilidad para divertirse y colaborar en grupo, son más observadores, muestran más capacidad de razonamiento y son más serenos, independientes y desarrollan menos miedos e inseguridades.


Las personas que pasan más tiempo en contacto con la naturaleza tienden a experimentar emociones más positivas, albergan más vitalidad, felicidad y manifiestan una armónica satisfacción con la vida (Capaldi, Dopko y Zelenski, 2014).


Los niños y niñas que tienen más contacto con el medio ambiente son capaces de afrontar mejor las situaciones adversas y sufren menos estrés. Aunque el simple contacto con la naturaleza no es suficiente y por sí solo no suprime las emociones negativas, pero efectivamente contribuye a la mejora de la percepción y respeto de la flora y fauna que nos rodea.



Detrás de estas conclusiones existen razones biológicas primitivas, pues aunque el ser humano se ha adaptado al modo de vida urbano, el cerebro sabe que no es su medio natural, y aún añora estímulos más conectados a la madre Tierra. No olvidemos que durante milenios la especie humana desarrolló en la misma naturaleza las estrategias de adaptación más exitosas para su supervivencia, y allí es donde debería regresar para restaurar los valores perdidos o simplemente desubicados por los tiempos actuales.


La naturaleza ofrece una cantidad tan elevada de incentivos, que la relación con ella provoca un estímulo directo en las neuronas, en las emociones y supone una experiencia que genera un inmediato bienestar. El sencillo pero maravilloso hecho de oler intensamente una flor, contemplar la amplitud del campo, un atardecer en el mar o escuchar el canto de un pájaro provoca en el ser humano sentimientos positivos, y estos se almacenan fácilmente en la memoria, a la cual podremos recurrir cuando necesitemos sentirnos bien. El valor de lo vivido perdura en nuestro recuerdo, en el tiempo; por el contrario, las adquisiciones físicas y palpables pierden valor desde el momento que las recibimos.



El contacto con la naturaleza mejora la tolerancia a la frustración


También, el contacto con la naturaleza mejora la tolerancia a la frustración, algo esencial para nuestro bienestar emocional. Las comunidades rurales saben bien que no se puede luchar contra los elementos: si llueve, te mojas; o si hay que subir por un sendero pedregoso, no puedes evitarlo. El hecho de aceptar las incomodidades del clima y del terreno son situaciones extrapolables a los retos de la vida diaria, en toda clase de situaciones. Uno tropieza, se moja, se cae, se mantiene erguido frente al viento. No podemos controlar ciertas circunstancias, pero sí manejar nuestra actitud frente a ellas.


Otro beneficio de la naturaleza es que desarrolla la empatía, esa maravillosa capacidad de ponernos en el lugar del otro, ver la realidad desde otro punto de vista, fuera de nosotros. “Las personas menos empáticas se muestran poco interesadas por los problemas ambientales, como si no les afectaran” Sevillano Triguero (2007).


Hoy sabemos, que el “mindfulness” (estar en el aquí y ahora) es significativamente beneficioso para la salud emocional. Y si además lo combinamos con un paisaje natural, mucho mejor. Por tanto, presenciar un entorno natural genera mayor serenidad, al potenciar la capacidad de observación y atención plena.


Sentirnos más agradecidos es otro de los beneficios que encontramos al entrar en contacto con el medio ambiente, y los estudios demuestran que el corazón de las personas agradecidas late mejor, pues ese estado libera endorfinas que regulan la presión sanguínea. Está más que comprobado que valorar y reconocer lo positivo hace que tu cerebro se oriente hacia las cosas buenas y los detalles agradables, convirtiéndote así en un detector y potenciador de momentos de bienestar.


Incluso, la ciencia constata que en los espacios naturales se generan iones negativos que mejoran el estado de ánimo; por ello dar un paseo por el campo ayuda a descargar el malestar y llenarnos de energía saludable y equilibrada. Numerosos estudios han relacionado la exposición a la naturaleza con el incremento de la vitalidad y una mayor sensación de felicidad. Por ejemplo, las personas que participan en excursiones al campo declaran sentirse más vivas, y que el solo recuerdo de esas experiencias al aire libre las hace sentirse más alegres. Así que, de paso, regulamos las emociones negativas. Nada como un paseo entre árboles para calmar la agresividad o reducir el enfado.


Y si nos resulta inaccesible salir de la ciudad, investigadores han constatado que las personas que cuidan de sus plantas, con o sin jardín, manifiestan significativamente una mayor satisfacción con sus vidas. Todo esto no debería resultarnos sorprendente. El ser humano ha evolucionado durante milenios estando en pleno contacto con la naturaleza. De modo que nuestras funciones fisiológicas y psicológicas están adaptadas a ello, y eso es lo que el cuerpo reconoce como sano y equilibrado. Por ello no debemos desterrar nuestra propia esencia, que es estar en contacto directo con lo natural.


Otra forma ideal de hacerlo es a través las acciones humanitarias a favor de las comunidades rurales que aunque crecen en contacto con todas las maravillas de la naturaleza padecen de significativas desigualdades, por ello el acercarse a organizaciones que colaboran con su bienestar siempre tendrá un efecto positivo en nuestra forma de ser.

¿Quieres ayudarnos a mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales en condiciones de pobreza? Entra aquí.


Esta es un artículo reescrito de "Los beneficios emocionales de cuidar el medio ambiente" de Miguel Ángel Rizaldo, Instituto Tomás Pascual.


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